FLORIA TRISTAN.....UNA MUJER SOLA CONTRA EL MUNDO....

jueves, 4 de marzo de 2010 |

(Luisa Marin 04-03-10, colectivo de mujeres COREPSUVE)
Escritora y activista francesa, descendiente de una familia de la aristocracia peruana. Es también recordada por ser la abuela del pintor Paul Gauguin. Nacida en París, era hija de una dama francesa y del aristócrata peruano Mariano Tristán y Moscoso, quien no la reconoció legalmente.
Esta condición de ilegítima le impidió recobrar los bienes pertenecientes a su padre, por lo que se vio obligada a contraer apresuradamente un matrimonio de conveniencia que, años después, se disolvió a causa de los celos y malos tratos de su esposo.

En 1833 visitó Perú con el fin de reclamar su herencia paterna y esclarecer todo lo relacionado con su situación familiar, empresa que se vio frustrada por las constantes negativas de su tío paterno, Juan Pío. Su obra Peregrinaciones de una paria (París, 1834; traducida al español en 1946) recoge, con un auténtico sabor romántico, sus impresiones durante el viaje a Lima y Arequipa, y muestra su identificación con las costumbres propias de ambos lugares. De regreso a Francia, emprendió una campaña a favor de la emancipación de la mujer, los derechos de los trabajadores y en contra de la pena de muerte.
En 1840 publicó Unión obrera, en donde clama por la necesidad de los trabajadores de organizarse y aboga por su “unidad universal”. Karl Marx afirmó que Flora Tristán era “una precursora de altos ideales nobles”.

Para Floria las mujeres de su época eran “LAS PROLETARIADAS DEL PLORETARIADO” Identificación y eslogan que la llevo a estar al lado de los oprimidos y oprimidas, relevante pensamiento de una mujer que como lo dicen los escritores y pensadores del momento era de avanzada, como es el pensamiento de las mujeres en el mundo y en cualquier época.

Hija mayor de Mariano Tristán, rico aristócrata peruano, y Thérèse Leisné, plebeya que había vivido emigrada en España. Al hogar son asiduos algunos viajeros americanos como el joven Simón Bolívar (cuya amistad con Thérèse hará correr ríos de tinta histórico-chismográfica) y su maestro Simón Rodríguez

En 1835 publica su primer folleto, dedicado a la situación de las mujeres extranjeras pobres en Francia; en 1837 sale el segundo, en pro del divorcio; en 1838 les siguen los dos volúmenes de su diario de viaje a América, dedicado a los peruanos y firmado por «vuestra amiga y compatriota»; su título es Peregrinaciones de una paria y le da gran renombre en los medios literarios parisinos, reafirmado meses después con la novela Mephis o El Proletario, que como escritora la eleva a la categoría de rival de la celebre George Sand. Prosigue en 1839 con una selección y traducción al francés de cartas del Libertador, y en 1840 sus impresiones críticas de la sociedad capitalista inglesa dan pie a Paseos por Londres.
Al mismo tiempo, aquella mujer cuya belleza y talento encandilaban a literatos y periodistas, profundiza su empeño activo con las luchas sociales más radicales de entonces, en primer lugar por la emancipación real de la mujer y de la clase obrera, pero también por la abolición de la pena de muerte y de la esclavitud, contra el oscurantismo religioso y en muchas otras causas, destacando siempre por su dedicación plena e ideas agudas.

Como presintiendo la muerte cercana, los dos años postreros de Flora Tristán son de plenitud en labor y pensamiento, siendo una imaginativa influencia que se percibe hasta en los poco románticos textos de Karl Marx, que la conoce en esos días.
Es entonces cuando escribe La unión obrera (publicada en 1843) y La emancipación de la mujer (inédita hasta 1846), obras que marcan su madurez intelectual y política; además, emprende por toda Francia la tarea de organizar esa Unión Obrera que recogía la experiencia inglesa de las Trade Unions, aunque con un énfasis internacionalista y socialista radical que hacen justa la apreciación de quienes ven en ella la olvidada precursora de la I Internacional, como su biógrafo peruano Luis Alberto Sánchez, quien afirma: «Aquella Asociación Internacional de Trabajadores era la vieja Unión Obrera, amplificada, ecuménica y viril, trocada en lógica —acaso por lo mismo menos penetrante— al pasar a cerebros masculinos, emergiendo del impetuoso fervor de una mujer.
Nadie recordó a la precursora en la célebre asamblea de Albert Hall. Pero ella, con su pensamiento y ejemplo, estuvo presidiéndola desde lejos, desde la eternidad o la nada.
Tal vez, si con alguien se identificaba más su espíritu, era con el de cierto hombre de barbas confusas y verbo ardiente, que solía discrepar rudamente de Marx: Miguel Bakunin».
Cuando una mujer avanza ningún hombre retrocede ¡Crece la organización!
¡El feminismo no es extremismo es condición para el socialismo!
¡Por la emancipación de la mujer y de todos los oprimidos y oprimidas!

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