SIN NOTICIAS DE ISLANDIA

lunes, 4 de junio de 2012 |

Por Manuel E. Yepe 


  Hace cuatro años que en Islandia, esa glacial isla adscrita a Europa  que descansa en medio de Atlántico Norte con apenas unos 300.000  habitantes, ocurren cosas interesantes y novedosas que no se reflejan  en los medios corporativos de occidente, confirmando la manipulación  inexorable de que es objeto la humanidad por el control que sobre los  medios de prensa en el mundo ejercen la superpotencia y las  oligarquías a ella adscritas.


 En Islandia no ha tenido lugar una revolución social, pero sí ha  ocurrido algo casi tan grave para la alta jerarquía de las finanzas:  una revolución contra la tiranía de los bancos capitalistas en un  mundo globalizado con raíces que conducen inexorablemente a Wall  Street.


 Aunque gracias a sus centrales geotérmicas Islandia disfruta de gran  independencia energética, el país dispone de muy escasos recursos  naturales adicionales y su economía, dependiente en un 40% de las  exportaciones pesqueras, es por ello muy vulnerable. Al igual que los  demás países europeos, se fue endeudando con la banca en la  especulación para vivir por encima de sus posibilidades reales en el  sistema financiero neoliberal impulsado por Estados Unidos al que  ahora la economía real ajusta cuentas.


 Para hacer frente a los efectos de una devastadora crisis, hace  cuatro años, su gobierno nacionalizó los principales bancos del país  y, en represalia, Londres congeló todos los activos de 300.000  clientes británicos y 910 millones de euros invertidos en bancos  islandeses por administraciones locales y entidades públicas del Reino  Unido. La isla tuvo que dedicar 3.700 millones de euros de dinero  público a rembolsar a esos clientes.

 Con una deuda bancaria de Islandia equivalente a varias veces su  Producto Interno Bruto (PIB), la moneda se desplomó, la bolsa  suspendió su actividad y el país cayó en bancarrota.  Protestas multitudinarias frente al parlamento en Reykjavik, la  capital islandesa, obligaron en 2009 a convocar a elecciones  anticipadas que a su vez provocaron la dimisión del Primer Ministro  conservador y de todo su gobierno, en bloque.


 Un proyecto de ley ampliamente debatido en el parlamento planteaba  descargar sobre todos los ciudadanos de la isla el rembolso a bancos británicos y daneses de la deuda de 3.500 millones de euros mediante  el pago por éstos en mensualidades durante los próximos 15 años.  El pueblo volvió a las calles exigiendo someter a referéndum tal ley.  El Presidente accedió y no la ratificó pese a que el proyecto contaba  con 44 de los 66 votos en el Parlamento. Se convocó al referéndum y el  NO al pago de la deuda logró el 93% de los votos.


 Ante tal victoria de la revolución pacífica islandesa, el FMI congeló  toda ayuda económica a Islandia hasta tanto se resolviera el asunto  del pago de la deuda.

 El gobierno dispuso una investigación para ventilar las  responsabilidades de la crisis y comenzaron las detenciones de  banqueros y altos ejecutivos. La Interpol dictó una orden de captura y  todos los banqueros implicados abandonaron el país.


 En este contexto se elige una asamblea para redactar una nueva  Constitución que recoja las lecciones aprendidas de la crisis y que  sustituya a la actual. Para ello, se recurre directamente al pueblo  soberano representado por 25 ciudadanos sin filiación política  elegidos entre 522 candidatos propuestos.


 La asamblea constitucional trabaja desde febrero de 2011 en un  proyecto de Carta Magna a partir de las recomendaciones consensuadas  en distintas asambleas que se celebran por todo el país. Deberá luego  ser aprobado por el actual Parlamento y por el que se constituya tras  las próximas elecciones legislativas.


 La recuperación económica experimentada por la isla tras liberarse de  la carga parasitaria de la deuda con los bancos es vista por las  cúpulas capitalistas europeas como un peligroso ejemplo para países  que tildan de "morosos", como Grecia e Irlanda. Sobre todo porque los  éxitos recientes que viene logrando Islandia han llevado a muchos  economistas a considerar que ha sido el colapso de los bancos lo que  más ha ayudado a tales avances.


 No sólo la economía islandesa no se derrumbó con la solución de la  crisis a partir del impago de la deuda sino que cerrará el 2011 con un  crecimiento del 2,1% que será del 1,5% en 2012, cifra que triplica la  de los países de la zona euro.


 Gran parte de ese crecimiento se basa en incrementos productivos,  principalmente en el turismo y la industria pesquera. Ello contrasta  con el cuadro que exhiben otras economías europeas, estancados o en  declive.


 Islandia demostró que con la recuperación de su soberanía han venido  aparejadas la justicia y la dignidad.  Políticos y banqueros corruptos han sido sometidos a juicios.


 Y, como reafirmación de su independencia, Islandia se convirtió en el  pasado otoño en el primer país europeo en reconocer a Palestina como  nación independiente, algo que ningún país sometido al yugo de la  banca internacional capitalista ha podido hacer.


 Junio de 2012.

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